Hablemos de Islam radical

Llegó la hora que hablemos de Islam Radical.
Me especializo en Biblia (Antiguo Testamento), por lo que mis críticas se han concentrado especialmente hacia las narrativas Cristiana Evangélica y las variantes religiosas del Sionismo.
Por esto, es que he dejado de lado este tema de enorme relevancia, y no he hecho una adeucada declaración de mis reflexiones al respecto.
Lo primero es considerar la siguiente realidad: entre las tres religiones, el Islam es mucho más que sólo una religión. Es todo un sistema de orden social, político y legal. En otras palabras, el Islam desde sus orígenes hace un llamado a crear “Estados” teocráticos islámicos. En palabras simples, un Califato.
Si bien hoy en día se puede “ser musulmán sólo en la casa” y mantener el Estado separado de la religión, la tendencia natural de la religión original es a unificar todo. Este tipo de pensamiento político —el de modelar ley y gobierno de los países modernos de acuerdo a los preceptos de la la religión islámica— se llama “Islamismo” (como Marxismo, Capitalismo, etc). Aun así, la mayoría de las personas que se identifican como musulmanes en múltiples países, no se declaran islamistas.
Ahora bien, partiendo de la base de que el sufrimiento humano existe de manera ineludible (por lo que difícilmente alguna sociedad podrá algún día ser “perfecta”), el sufrimiento es mucho mayor en regiones donde existe subdesarrollo, corrupción y inestabilidad. Como tantas veces en la historia, la población subdesarrollada aceptará narrativas donde un chivo expiatorio es culpable por su miseria, y donde soluciones utópicas pueden ser alcanzadas siguiendo a falsos héroes.
Por esto, no debe parecernos raro que el Islamismo moderado, el Fundamentalismo Islámico, y el Extremismo Islámico generen un magnetismo a nuevos reclutas provenientes especialmente de las comunidades vulnerables y desesperanzadas.
Y saldrán muchos a decir que el surgimiento de la mayoría de estos movimientos radicales ha sido resultado de la inestabilidad y destrucción causada por el intervencionismo occidental. Hay algo de cierto en esto. Sin la intención de hacerlo (o con la intención de hacerlo, para los conspiranoicos), Estados Unidos es en parte culpable de haber “creado” al ISIS, al igual que Israel es en parte responsable por haber creado (las condiciones para el surgimiento del) al grupo Hamas.
Pero una cosa es la motivación para unirse a las filas, y otra cosa es el aspecto intrínsecamente podrido de una ideología. Existe por supuesto un motor interno, una escuela de pensamiento construida por algún pensador islámico. Eso es lo preocupante: si una ideología está escrita en texto, es potencialmente indestructible. Más aún cuando estos grupos de milicianos sigan siendo financiados por la cabeza de la serpiente: la “República Islámica”.
¿Mi pensamiento al respecto? Todos los musulmanes que me ha tocado conocer han resultado ser admirables personas, de una nobleza que no es fácil de encontrar en occidente. Me atrevo a especular que quizá esto no sea producto de su religión sino que de su cultura. Así como hay muchos cristianos y judíos que se identifican con su etiqueta religiosa para seguir perteneciendo a un grupo cultural, hay muchos musulmanes, especialmente en el Levante, que se aferran a la etiqueta y las tradiciones, más que practicar las doctrinas y fundamentos de la religión original.
Aun así, —no me gustan las religiones en general— pero de las tres, el Islam es la que menos me gusta. ¿Por qué? Porque Islam significa Sumisión (a la voluntad de Dios). Y el pensamiento que yo profeso a través de Oriente Antiguo es todo lo contrario. Libertad y rebeldía intelectual, cuestionamiento de lo establecido. ¿Por qué me tengo que “someter” a este dios invisible, probablemente imaginado? Lo más probable es que termine sometido a la tiranía de clérigos humanos.
El Islam radical es una de las ideologías más peligrosas que existen. Hamas es lo peor que le ha pasado a Israel. Pero también, infectarse con este virus, es lo peor que le ha pasado a los palestinos.
Ahora, ¿cómo librar a los palestinos de este virus? ¿Será el bombardeo de Gaza y la muerte de miles de personas la mejor manera para erradicarlo? ¿Acaso los que sobrevivan no quedarán triplemente hundidos en impotencia y odio?
¿O existirá alguna manera de escapar del círculo vicioso?
Ver también: Ashura y la batalla de Karbala.




